Comencé las prácticas el 15 de febrero de 1.999, ansiosa por saber con qué me encontraría y a la vez, algo preocupada por como resultaría esa experiencia tan esperada. Y es que, este paso por el centro iba a ser muy distinto; al fin y al cabo todos hemos sido alumnos pero lo de estar en el lugar del maestro iba a ser diferente; ni más fácil, ni más difícil, simplemente diferente.

                Las prácticas de primaria las realicé en el tercer curso con niños de 8-9 años. Todos los profesores me comentaron la gran suerte que había tenido de que me asignaran esta clase, ya que los niños respondían bastante bien a las expectativas de sus maestros. No tardé en darme cuenta de que así era.

                En cuanto a aspectos negativos, también los encontré, y bastantes. Era un centro con pocos recursos materiales, y con muchos profesores sin ganas de trabajar. Yo no tenía inconveniente en cubrir las bajas que se produjeron durante mi período de prácticas en el colegio, pero también es cierto que los alumnos de prácticas nunca deben estar solos en el aula, y a mí solo me acompañó la profesora de música. Como anécdota curiosa, decir que uno de los profesores me comentó que lo habían enviado a mi clase de Primaria para cubrir esa hora. Me dijo que como ya estaba yo, se iba a tomar un café, y que si quería algo, bajara al bar a avisarle.

                En general, me fue bien, y gracias a las bajas adquirí experiencia. Aprendí mucho y fue una experiencia bonita, así que me quedo con esto último.

                Ya que se me ha dado la oportunidad de escribir este artículo, me gustaría que todos aquellos que lo lean y vayan a realizar las prácticas en breve, pongan en esta experiencia la máxima ilusión de todas cuantas hayan tenido en su paso por la Escuela de Magisterio. Al fin y al cabo es donde se les va a brindar la oportunidad (si les dejan) de poner en práctica todos los conocimientos adquiridos y algunos que ni siquiera pensaban que tenían.

                Espero que tengan más suerte que yo y que encuentren en el centro un ambiente de ilusión y ganas de trabajar.
 C.E.

 

Antes de comenzar el período de prácticas, sentía mucha ilusión por la nueva aventura que iba a emprender, aunque, al mismo tiempo me “acosaban” ciertas inquietudes que no podría detener hasta el comienzo de las prácticas.

                Una de las primeras inquietudes que me quité de encima, y que la mayoría de los alumnos tienen antes de comenzar las prácticas, es comprobar “in situ” si de verdad esta era la profesión que me gustaba. Afortunadamente la respuesta fue positiva.

                Sin la realización de las prácticas, se hace muy difícil entender gran parte de la teoría estudiada en las Escuelas de Magisterio; ahora bien, si no se tiene una base teórica y una buena preparación difícilmente se obtiene el éxito dentro de un aula. Observé que los maestros que cumplían estas dos premisas eran capaces de MOTIVAR más y mejor a los alumnos, y al mismo tiempo, impartían la clase de forma más consciente, captando siempre la atención de los alumnos.

                En relación con esto último, la circunstancia más importante que marcó el período de mis prácticas fue la baja por enfermedad del maestro especialista. A partir de ese momento, estuve tres días solo para impartir las clases de música y soy consciente de la incorrección tanto por parte del colegio como por la mía al permitirlo. Lo cierto, es que estuve muy a gusto durante esos días. Al cuarto día, llegó un sustituto, del cual aprendí más ricos y variados recursos para actuar dentro del aula que con el maestro titular del colegio. No deja de ser curioso que alguien que viene a suplir una baja, ofrezca una metodología mucho más activa y con ella, unos objetivos y contenidos claramente determinados, y sabiendo que la respuesta de los alumnos (salvo excepciones) sólo puede ser positiva. Conclusión: cuantos más recursos tenga el maestro, es mucho más fácil conectar con el alumnado. Lógicamente las primeras semanas me resultaron más difíciles, pero cuando logré “aterrizar” de pleno en el contexto del centro y del aula todo fue mucho más fácil.

                De cualquier forma, estoy satisfecho del trabajo que realicé durante cuatro meses, ya que aparecen reflejadas en poco tiempo muchas de las cosas que aprendí en tres años, unas más útiles y otras menos, pero todas ellas importantes. También me gustaría agradecer la ayuda por parte de algunos profesores de la Escuela de Magisterio, así como la oportunidad que se me ha dado para escribir este artículo.
 
P.M.

 

Mi experiencia sobre las prácticas de profesorado ha sido muy buena, pero eso no quiere decir que mi opinión sobre cómo éstas están planteadas sea positiva.

                Yo he estudiado Magisterio de Educación Musical en la E. U. Ausiàs March de Valencia y, aunque ya tenía bastantes conocimientos musicales antes de empezar, he de decir que jamás había vivido, hasta entonces, experiencias tan variadas respecto a la música, como las vividas en estos tres años de estudio.

                En el día a día de las clases de magisterio hemos escuchado gran variedad de frases que marcan o que te servirán de mucho en el futuro, pero hay un grupo de éstas que a más de uno no nos hubiera gustado escuchar en algunas ocasiones y que, más de una vez, nos han hecho divertirnos, pero que al final acaban por hartarnos. Estas frases solían decirse, o bien, intercaladas en una explicación de cualquier profesor, o bien, cuando algún alumno o grupo de alumnos exponíamos nuestros trabajos prácticos. Algunas de estas frases son: “Ahora pensad cuál puede ser la respuesta de los niños al plantearles este ejercicio”, “Actuad como niños mientras vuestros compañeros exponen su trabajo”, “Tenéis que hacer el trabajo pensando en la reacción de los niños”. Los lectores pueden hacerse una idea de cómo nos sentíamos en clase “haciendo de niños”, sobre todo al principio, cuando la mayoría no nos conocíamos y veíamos como todos hacíamos el tonto, porque estábamos intentando simular reacciones que, ni siquiera habíamos vivido años atrás, cuando éramos niños, porque jamás habíamos recibido clases de música en la escuela, aunque sí en el Conservatorio, pero no se parecían en nada, sobre todo, desde el punto de vista metodológico y didáctico.

                Con el tiempo llegamos a familiarizarnos con este tipo de situaciones y creo que al final llegamos a ser “especialistas en hacer de niños”.

                Pensándolo bien, ahora puede llegar a resultar, incluso, gracioso, pero en realidad lo que siempre pedimos, ya fuese expresamente a los profesores o, indirectamente, en las evaluaciones que hacíamos de cada una de las asignaturas, era que la carrera incluyese más tiempo de prácticas o que, por lo menos, éstas estuviesen repartidas durante los tres cursos.

                Has que decir que en los debates que hicimos respecto a este tema, que no fueron pocos, siempre llegábamos a la conclusión que la carrera debía alargarse, pero como esta solución sabíamos que no estaba a nuestro alcance i que era una de las más lentas, siempre planteábamos un nuevo debate para buscar una solución que fuese factible.

                La verdad es que hemos terminado la carrera y la cosa sigue igual; además, los estudiantes tenemos algo que va en contra de nosotros mismos y es que, cuando estamos dentro, no nos involucramos demasiado en los problemas porque tenemos cosas mejores que hacer y, cuando ya hemos terminado, no lo hacemos, no vayan a pensar que somos unos metomentodos.

                Ahora, centrándome en el tiempo que estuve haciendo las prácticas, he de decir que tuve mucha suerte, más que muchos de mis compañeros.

                En primer lugar, porque la maestra de música era una persona excepcional, con bastantes conocimientos musicales y, además, muy competente e involucrada en su trabajo. Una muestra de ello podría ser el proyecto, “Audición activa” que llevaba a cabo en la escuela, según el cual, cada viernes por la tarde pasaba un curso por el aula de música para hacer, como su nombre indica, una audición activa.

                Otro ejemplo de lo involucrada que estaba esta señora era el hecho de ser la coordinadora de un grupo de maestros de música pertenecientes a las escuelas públicas de su ciudad, Alzira. En las reuniones, que mantenían con bastante frecuencia y regularidad, intercambiaban experiencias, intentaban solucionar problemas que les surgían en determinadas situaciones y proyectaban actividades conjuntas en las que pudiesen participar los niños de todos los colegios. Esta relación tan estrecha creaba un ambiente de bienestar, que pude experimentar al asistir a unas cuantas de estas reuniones.

                En segundo lugar, porque el aula de música era la más espaciosa de todo el colegio y, además, estaba dotada de gran variedad de instrumentos, ya fuesen de percusión determinada como indeterminada. También disponíamos de dos teclados y un buen equipo de música, así como material auditivo, libros, fichas, etc. muy variados, pero pertenecientes a la maestra.

                Respecto a las experiencias vividas junto a los niños, he de decir que es incomparable, como los lectores se pueden imaginar, a las vividas en las aulas de magisterio con todos tus compañeros haciendo de niños. Pero lo más interesante ya no es el contacto con los niños, sino, más bien, lo que se saca de ese contacto, es decir, todo ese cúmulo de cosas que el trabajo con ellos te enseña, todas esas experiencias, buenas y malas, que tienes con la gente en la que, al final de la semana, es con la que más horas compartes.

                Por otra parte, creo que, en realidad, el aprendizaje personal se centra en el hecho de aprender a “desconectar” de esas situaciones, de esos niños en tu vuelta a casa, porque si te involucras demasiado, los que están a tu alrededor, pueden llegar a conocerlos mejor que tú.

                Considero que ésta es la parte más difícil del trabajo de cualquier maestro o de cualquier persona que trabaje relacionándose tan directamente con otra gente.

                Sólo esta última idea debería ser suficiente para que las prácticas abarcasen más tiempo, ya que es cuando aprendes, en realidad, cuál es el significado de la profesión que algún día piensas ejercer, el porqué de una profesión tan importante para cualquier sociedad y a la preparación de la cuál se dedica tan poco tiempo.                                                                                                                             M.B.V.

 

 

En un principio las prácticas se me presentaban como “la prueba final”, “el Gran examen”; no me veía preparado ante semejante reto; pero claro, se tienen que hacer; por lo que lo asumes y te matriculas. Una vez aceptado, te planteas como pueden ser; preguntas a otros alumnos que ya las hicieron el año pasado para que te orienten. Sueles crear en tu imaginación diversas situaciones que se podían dar en las prácticas; e incluso vas preparando un seguimiento - planificación de todo lo que realizarás en ellas. Con todo este histerismo se acerca la hora de elegir el colegio. Se comentan los mejores colegios, los mejores tutores/coordinadores; y con toda esa información y una lista “maravillosa” del orden de matriculación, ves que eres el último de la lista, y que ya no puedes elegir, sino que has de escoger entre los “restos”. Visto este punto, eliges; y te planteas realmente lo que serán las prácticas. Esperas aplicar todos los conocimientos adquiridos, todas las técnicas, recursos psicológicos, etc., y saber con todo ello reaccionar perfectamente a cualquier cuestión que se presente. 

                Una vez en las prácticas, vas viendo que al principio todo va bien; tú todavía no te has adaptado, y no participas de forma muy activa, e incluso la relación con  la profesora del centro de prácticas es un poco tímida. Da la sensación que esto no va a durar eternamente y que poco a poco te vas a ir incorporando, y la relación será más fluida; pero resulta que sólo evoluciona la relación fluida con la profesora, puesto que el otro aspecto queda congelado; tú sólo te limitas a mirar, y ser el “ayudante” de la profesora. Esperas que evoluciones, pero lo hace de forma muy lenta (a veces demasiado) hasta que llega un momento en que decides tomar una decisión: Intento cambiar lo que hay, o me limito a seguir lo que diga la profesora a modo de siervo fiel. Yo decidí hacer una mezcla. Hacía caso a la profesora, aunque no estuviese de acuerdo con ella; pero no del todo; pues como yo era el “ayudante”, dentro de la clase “ayudaba” poniendo en práctica lo que me había enseñado; pero sólo cada vez que veía que algún alumno necesitaba ayuda. Esto funcionó hasta que mis “ayudas” no eran aceptadas (no sé porqué) por la profesora; por lo que me decía: “NO”, y a continuación proseguía con su método, el cual no solucionaba las dudas. Definitivamente “pasé” de la profesora del centro, y me limité a dar esas “ayudas” dentro de los límites que me permitía esa persona.

                Una vez acabadas las prácticas, te sientes aliviado por haberlas acabado; pero quedan todas aquellas experiencias tan interesantes, y con las que has aprendido tanto, planteadas por los alumnos (que no por la profesora). Entre o más destacado de lo aprendido se puede mencionar:

  • el descubrimiento real del niño, no como mero objeto;

  • ver que son personas, cada una con una situación determinada; y que no existen esas técnicas milagrosas (aunque ayudan); pero como bien dice el refrán:

              “LA PRÁCTICA HACE AL MAESTRO”                                                                                              Rafael Galdón Martínez      

 

Me atrevería a decir que los cuatro meses de prácticas escolares han sido los cuatro meses más aprovechados de mi carrera. El poder acercarme a la vida escolar y a lo que realmente se “cuece” en un colegio me hizo ver qué es realmente lo que he elegido.

                Tuve la suerte de ser acogida desde el principio como una más de la familia en el CP García Planells, de Manises, y desde el primer día hasta el último no paré de descubrir cosas nuevas sobre lo que realmente significa ser MAESTRO DE MÚSICA. El haber tenido la opción de trabajar con todos los materiales de música, y el haber tenido libertad para dar las sesiones que quisiera preparar me han dado algo más de soltura para trabajar en una aula de música ¡y eso es una suerte!                                                                                                           

 Elena Núñez Ruíz

 

Durant tota la carrera de Magisteri, sense dubte, aquesta és l’etapa en la qual reps més informació, a tots els nivells. Una de les fonts d’informació més importants és l’experiència que s’agafa en una classe real amb situacions reals. En una classe, amb el seu mestre, es poden observar i es poden aprendre molts coneixements i moltes conductes dels alumnes i dels mateixos mestres; algunes positives i d’altres negatives. Aquestes últimes cal tenir-les ben presents per al nostre futur professional per a no caure en els mateixos errors.

                També es pot recollir molta informació fent una anàlisi dels documents que té l’escola, especialment del Projecte Educatiu i del Projecte Curricular. A partir d’aquest estudi, més o menys detallat, el següent pas seria observar si el que es determina als documents es reflexa realment en l’actuació docent i, en general, en la vida escolar.

                Fins ací podríem dir que l’alumne de pràctiques ha tingut una funció més bé passiva o de simple observador i hem vist la quantitat d’informació que es pot recollir; però tot açò no es pot ni comparar en la quantitat de coneixements i de soltura que suposa posar-se davant d’uns alumnes i donar-los classe. Aquesta és la fase més activa de les pràctiques i, sense dubte, la més profitosa.

                La veritat és que quan estàs involucrat seriosament en el teu grup o grups de classe que tens en l’escola, arribes a pensar i a actuar com  un mestre més de la plantilla. Al principi de les pràctiques quatre mesos poden parèixer un món, però a mesura que vas arrimant-te al final de les pràctiques vas veient que et falta temps. Et falta temps per a conèixer millor als alumnes, per a dur a terme d’una manera més desenvolupada i treballada les teues unitats didàctiques,etc…

                En definitiva, una etapa molt receptiva i positiva a tots els nivells, en la qual pots disfrutar molt posant ganes i un poc de la teua part. Personalment, opine que val la pena esforçar-se en aquest període de la nostra carrera perquè després nosaltres mateixos ens ho agrairem.

Maties Aleixandre

 

EDUCAR A MÉS D’ENSENYAR 

                A mesura que s’acostava la temporada de les pràctiques als col.legis, em plantejava quin col.legi triar, però a l’igual que els meus companys tenia dubtes. Vaig considerar la possibilitat de triar un col.legi C.A.E.S., potser perque pensava que era un dels llocs on més podria aprendre, i a  la vegada sabia que aquests centres necessiten tota mena d’auda tant professional com de recolçament. Ara vos puc assegurar que és el millor que m’ha passat.

                En aquest lloc m’he trobat amb vertaders especialistes en pedagogia, que m’han donat l’oportunitat i la confiança suficients per a poder treballar activament a la classe, recollint experiències i coneixements que em serà difícil oblidar i que de segur aprofitaré en un futur.

                A més de les àrees obligatòries en l’ensenyament, no sols he presenciat sino que he participat en una educació en valors que cal anomenar, educació tan important com qualsevol altra, i que de vegades és oblidada, que junt a les activitats extraescolars que tan costen de dur endavant, fa posible que un alumnat amb moltes dificultats s’integre en una societat que poques vegaes és tolerant amb ells. Però ací està la tasca d’aquests MESTRES, que mereixen escriure’s amb lletres majúscules; uns mestres que dediquen gran part de la seua vida a l’educació i desenvolupen una llavor que quedarà reflexada en la societat del futur, i amb la qual puc assegurar que la recompensa afectiva està per damunt de l’econòmica.

                Tampoc puc deixar d’anomenar a la part contrària, al currículum ocult dels mestres, és gent pense jo, poc professional que no pensa en la tasca tan important que té l’educador i s’han introduit en aquest món por altres motius, dels quals no cal parlar. Al llarg de les pràctiques i per comentaris dels meus companys que han treballat en altres centres, me n’he adonat que aquest problema no sols es trobava al meu.

                Els professionals de l’ensenyament que deurien de ser un dels millors equips humans, de vegades no estan units, no treballen en grup i obliden la tasca tan important que tenen a les mans. No sé exactament quina és la raó de tot açò, potser política o personal, però el que sí és clar, és que la conseqüència d’una mala educació la rep l’alumnat i després la societat. Trobe que aquesta és una de les qüestions (quasi sempre ignorada), que poques vegades es parla d’ella, pense que seria mereixedora d’alguna que altra xerrada per solucionar un problema latent a molts centres.

                I és quan veus la realitat de l’aula, quan descobreixes que les classes que has rebut al llarg de la diplomatura de Magisteri no deurien de ser tan teòriques, no vull dir amb açò que no siguen importants, però tindrien que acostar-se més al que va a ser el treball vertader de l’educador.

                                                                                                              Anna Artés Ferrer